El Real Madrid se impone ante el Bayern Munich

Al Real Madrid le costó muy poco demostrar en Múnich que le va la marcha, que cuando suena el himno de la Champions, suben sus pulsaciones. Juegue donde juegue y se enfrente a quien se enfrente.

Ivan San Antonio

Ni el inicio intenso, buscando avasallar, de los alemanes, inquietó a los de Zidane, sólidos en defensa y peligrosos siempre en ataque. Con y sin balón. Pragmáticos hasta decir basta, los de Zidane impusieron su ley en territorio bávaro. Necesitan poco para mandar en el marcador, que es lo que cuenta en Europa. Ganaron 1-2 un partido que, al filo del descanso, pudo ponerse 2-0 con un penalti fallado por Vidal. O les matas o te matan. Esa es su ley.

Durante los primeros veinte minutos tenía el balón el Bayern, intentando desdibujar el orden madridista, que no caía en la trampa a la que le invitaba Thiago desde el centro del campo. Casemiro y Kroos, a lo suyo. Como Benzema, que necesita muy poco para meter miedo. Fue él quien provocó la falta en la frontal que Cristiano Ronaldo lanzó por encima del travesaño. Y suya fue la asistencia atrás para que Kroos rascara un córner. Incluso fue el francés quien cabeceó al travesaño en la mejor ocasión de los blancos.

En el otro área, disparos desde fuera del área de Alaba primero, alto, y de Ribery después, que impactó en Bale provocando el quinto córner para los alemanes. Corría el minuto 24 y fue en el quinto saque de esquina cuando rugió el Allianz Arena. Boateng entró como un obús en el área pequeña deshaciéndose de Nacho, demasiado tierno, para rematar con violencia tan cerca de Keylor Navas que el meta nada pudo hacer. La lata, abierta de par en par a machetazos. La igualdad entre ambos solo la rompía el marcador. Suficiente para el Bayern de Ancelotti, un pragmático visceral.

Robben retaba a Marcelo cada vez que podía y Ribery hacía lo mismo con Carvajal. Casemiro sacaba cubos de agua de dos en dos ante el monopolio del balón creado por el centro del campo bávaro. El Real Madrid seguía fiel a su fútbol a rachas, indescifrable y, por ello, peligroso porque no necesita gustarse para hacer daño. El Bayern mantenía un control tenso sobre el partido. Müller desaprovechó un balón interior en el área para convertir el dominio en otro gol. Pero era Robben quien mandaba en ataque. Se fue como si fuera un juvenil ante un cadete de Kroos para ponérsela a Boateng. Esta vez cabeceó alto. La mejor ocasión sin tener en cuenta el gol.

Llegaron los minutos propiedad del Real Madrid, los últimos cinco, en los que se crece. Fue entonces, en el 42′, cuando Cristiano Ronaldo forzó el córner de Neuer con un disparo desde la frontal. También lo probó Kroos desde la esquina del área, enviando el balón fuera por poco. Tanta flor tienen en esos minutos que, aunque Rizzoli señaló unas manos dudosas de Carvajal como penalti, Vidal desaprovechó la pena con un disparo alto. El Bayern dejó escapar vivo a su rival en una primera mitad que respondió a las expectativas.

Del 2-0 al 1-1 con el descanso de por medio. Un suspiro. Suficiente para que los blancos encuentren petróleo donde solo debe haber piedra. Carvajal vio desde la derecha el movimiento de Cristiano Ronaldo y el portugués no perdonó. Remate preciso que besó la red. El gol imprescindible cuando viajas por Europa. El Bayern siguió remando echándose a lomos de Robben, un driblador de libro, un peligro constante que fijaba a Marcelo, obligado a multiplicarse. Los bávaros necesitaban demasiado juego para inquietar, todo lo contrario que el Real Madrid. Neuer sacó una mano prodigiosa para enviar a córner el cabezazo de Bale.

Fue poco antes de que Javi Martínez regalara a los blancos la posibilidad de jugar la última media hora con un hombre más. Dos amarillas por dos faltas a Cristiano Ronaldo y a la calle. La eliminatoria se ponía cuesta arriba para un Bayern demasiado teórico al que le faltaba brillo para sorprender a su rival, dejarse llevar. Todo lo contrario que el equipo de Zidane, acostumbrado a vivir muy bien con el fútbol justo y necesario. No necesita más. Ancelotti metió a Bernat y Douglas Costa buscando zarandear a sus jugadores. Pero el paso de los minutos dibujó un escenario en el que el Madrid se sentía cómodo y superior. Solo Neuer mantenía en pie a su equipo, con dos paradones ante Benzema y Cristiano Ronaldo. El Bayern se hacía pequeño, minúsculo, ante un Real Madrid que cocinó a su rival hasta hincarle el diente definitivamente con el segundo, también obra del portugués. Fue a los 76 minutos y Neuer también cayó ante el peso de los blancos.

La fiesta pudo acabar en festival con el cabezazo de Ramos (sí, en el descuento) al fondo de la red. Esta vez, sin embargo, lo hizo en fuera de juego y Rizzolli anuló el gol. Ni esa decisión borró la sonrisa con la que el conjunto blanco se marchó de Múnich, territorio bávaro en el que manda la ley madridista.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.