El sedentarismo hace que nuestras células envejezcan mucho más rápido

Las células de las mujeres mayores que realizan poco ejercicio y pasan muchas horas sentadas tienen una edad biológica hasta ocho años superior a lo que les correspondería

La práctica de ejercicio, no cabe ninguna duda, es muy buena para la salud. Una realidad constatada por multitud de estudios que han demostrado que las personas con una buena condición física tienen un menor riesgo de desarrollar numerosas enfermedades, entre otras las cardiovasculares, la obesidad, la diabetes o el cáncer. Además, el beneficio del ejercicio es patente a todas las edades, también en las más avanzadas. Y ahora, un estudio llevado a cabo por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego (EE.UU.) suma una nueva evidencia a las bondades del ejercicio: las personas que permanecen muchas horas sentadas y no lo compensan con la práctica de ejercicio experimentan un envejecimiento celular acelerado. O así sucede, cuando menos, en las mujeres longevas.

Como explica Aladdin Shadyab, director de esta investigación publicada en la revista «American Journal of Epidemiology», «nuestros hallazgos muestran que las células envejecen de forma más rápida con un estilo de vida sedentario. El resultado es que la edad cronológica no siempre coincide con la edad biológica».

Los telómeros, esto es, las regiones de ADN situadas en los extremos de los cromosomas, juegan un papel esencial en la estabilidad del material genético –protegen a los cromosomas frente a la degradación– y en el mantenimiento de la juventud de las células y, por ende, del organismo. El problema es que con cada división celular –o lo que es lo mismo, según envejecemos–, los telómeros se acortan. Un aspecto crucial dado que cuanto menor es la longitud del telómero, menor es la capacidad de la célula para dividirse. Y a todo ello se aúna que numerosas investigaciones han constatado la relación existente entre la longitud de los telómeros y, por una parte, las enfermedades asociadas a la edad como las cardiovasculares, el cáncer y la diabetes tipo 2 y, por otra, una mayor mortalidad.

En este contexto, y si bien no podemos parar ni ralentizar el paso del tiempo, ¿hay alguna manera de evitar que nuestros telómeros se vayan acortando? Pues sí. Básicamente, tenemos que evitar fumar y coger un peso excesivo. Y de acuerdo con las evidencias alcanzadas, por primera vez, en este nuevo estudio, tenemos que mantenernos físicamente activos. Como refiere Aladdin Shadyab, «según nuestros datos, este es el primer trabajo en el que se ha cuantificado de manera objetiva cómo la combinación entre el sedentarismo y el ejercicio pueden impactar sobre el biomarcador del envejecimiento».

Concretamente, el estudio fue llevado a cabo con la participación de cerca de 1.500 mujeres con edades comprendidas entre los 64 y los 95 años que cumplimentaron distintos cuestionarios sobre su actividad física y portaron un acelerómetro –un dispositivo que registra los movimientos– en sus caderas durante siete días consecutivos –en todo momento, no solo cuando caminaban, sino también cuando dormían.

Los resultados mostraron que los telómeros de las mujeres que permanecían sentadas durante más de 10 horas diarias y apenas practicaban ejercicio eran notablemente más cortos que los de aquellas físicamente activas. Y esta menor longitud de los telómeros, ¿en qué se traduce? Pues en que las células de estas mujeres tienen de media hasta ocho años más que lo que corresponde a su edad cronológica.

Por tanto, permanecer sentado muchas horas parece que acelera nuestra edad biológica. Por lo menos en el caso de las mujeres mayores. Así, y en caso de que, por la razón que sea, tenemos que estar sentados durante largos períodos de tiempo, ¿qué podemos hacer para evitar este efecto deletéreo? Pues simple y llanamente, dedicar unos minutos diarios a la práctica de ejercicio.

Como indica el director de la investigación, «en nuestro trabajo hemos observado que los telómeros de las mujeres que permanecen sentadas durante periodos más largos no tienen una menor longitud en caso de que se realice ejercicio al menos 30 minutos al día, tal y como recomiendan las sociedades médicas. La práctica de ejercicio debe iniciarse cuando somos jóvenes, y la actividad física debe mantenerse como parte de nuestra rutina diaria según vamos envejeciendo, incluso una vez alcanzada la edad de 80 años».

Pero, ¿qué sucede en el caso de los varones? Es decir, ¿puede predecirse que, de una manera similar a como ocurre en las mujeres mayores, el sedentarismo excesivo también conlleva un envejecimiento celular acelerado? Pues, en teoría, sí. Pero dado que el estudio ha sido llevado a cabo exclusivamente con mujeres, deben llevarse a cabo más investigaciones para confirmar qué es lo que pasa en la población masculina.

Como concluye Aladdin Shadyab, «de cara al futuro, los estudios evaluarán la relación entre el ejercicio físico y la longitud de los telómeros en poblaciones más jóvenes y en varones».

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