El Barça vuelve a perder y dice adiós a la Champions

El Barça vuelve a tirar por el retrete una ventaja de tres goles y, goleado por el Liverpool, y se despide de la Champions (4-0)

Por Rafa Tapounet

El día en que justo se cumplía el 33 aniversario de la inexplicable derrota del FC Barcelona en la final de la Copa de Europa de Sevilla, frente al Steaua de Bucarest, el infierno volvió a abrirse bajo los pies del equipo azulgrana. Ocurrió en Anfield, escenario de leyenda del fútbol europeo, convertido en una ardiente caldera en la que los jugadores de Ernesto Valverde se achicharraron a manos de un Liverpool espléndido, protagonista de una de las mayores gestas vividas recientemente en una eliminatoria de la Champions. Para el Barça, una pesadilla más dolorosa incluso que la vivida el año pasado en el Olímpico de Roma, por cuanto la existencia de aquel siniestro precedente parecía hacer imposible que algo similar pudiera suceder. Pero sucedió.

Un equipo disminuido por las bajas de algunos de sus hombres más importantes (Salah, Firmino, Keita…) y obligado a jugar tres partidos decisivos en apenas seis días redujo a la nada a un Barça que venía de tomarse una semana de descanso y que tenía el enorme privilegio de poder administrar una ventaja de tres goles. El Liverpool no solo estuvo a la altura del reto que su carismático técnico, Jürgen Klopp, lanzó en la víspera (“si no podemos clasificarnos, intentaremos darle un bello final a nuestra aventura en la Champions”) sino que hizo bastante más: se clasificó. El Barça, aturdido por el empuje ‘red’ y la presión ambiental, se fue a la lona con una facilidad sorprendente. La mandíbula de cristal, otra vez.

Con el viento de una grada tronante en las velas, el equipo rojo se lanzó desde el primer minuto a un ataque tan desesperado como hermoso que recogió su primer fruto cuando en el minuto 7 Mané aprovechó una mala entrega de Jordi Alba para impulsar la jugada que desembocaría en el gol de Origi.

Pánico azulgrana

Cundió el pánico en las filas azulgranas y el Liverpool puso el partido en la centrifugadora aprovechando el dinamismo de una banda izquierda formada por Robertson, Milner y Mané, una autopista con más peligro que la ruta Ho Chi Minh en 1968, todo explosiones, emboscadas y ruido. Fue en esos momentos cuando Arturo Vidal empezó a erigirse en el futbolista más importante del equipo de Ernesto Valverde, lo que siempre es una señal inquietante. El chileno sostuvo al Barça con sus bloqueos, sus recuperaciones y su brega continua y permitió que, pasado el infierno del primer cuarto de hora, Leo Messi empezara a encontrar el camino a la portería de Alisson. Sin resultados.

El drama se hizo tragedia en la segunda parte. En solo tres minutos, los que fueron del 52 al 55, el belga Wijnaldum, que había salido desde el banquillo en el descanso, le dio la vuelta a la eliminatoria con dos goles que retrataron a la defensa barcelonista (y en particular, de nuevo, a Jordi Alba). Y aún más ridículo fue lo del cuarto, en el minuto 78, cuando el Liverpool se apresuró en un lanzamiento de esquina y pilló completamente en babia a la zaga azulgrana, que ni siquiera se enteró de cómo Origi disparaba a la red.

Esperando el milagro

De ahí al final, fue un quiero y no puedo de los visitantes, con Valverde dando entrada a Arthur para hacerse con el control del juego (tal vez era tarde para eso) y el Liverpool cerrando todos los pasillos y apurando los minutos mientras la Champions se le iba a los azulgranas como el mercurio por una grieta.

La tentación de rematar el relato del partido en Liverpool con la mención al título de alguna canción de los Beatles ‘(The end’, ‘I’m a loser’, ‘Misery’…) resulta para el cronista demasiado evidente. Y también algo tramposa, porque en realidad ninguno de los Fab Four fue nunca un seguidor entusiasta del equipo red. Hay que resistirse a ella, pues, y buscar una alternativa. Como, por ejemplo, Elvis Costello. El miope músico londinense (y ‘scouser’ de adopción) sí es un un ‘supporter’ declarado del Liverpool FC. En el museo del club -donde, por cierto, no hay ni rastro de los Beatles- se exhibe una copia dedicada y autografiada del primer elepé de Costello, ‘My aim is true’, publicado en 1977, el año en el que el Liverpool conquistó su primera Copa de Europa. En ese disco figura una canción titulada ‘Alison’, ideal para homenajear al fenomenal portero brasileño del mismo nombre, espléndido toda la noche. Y también otra llamada ‘Less than zero’ (menos que cero). El certero retrato del Barça en Anfield.

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