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Santiago Segura, portada Óyeme Magazine!

Santiago Segura: del barrio de Carabanchel al rey indiscutible de la taquilla española

Santiago Segura Silva nació en Madrid el 17 de julio de 1965, en el barrio de Carabanchel Bajo, en una familia trabajadora en la que su padre se ganaba la vida en una fábrica de tuercas y tornillos. Desde muy temprano, el pequeño Santiago encontró refugio en el cine. Con apenas doce años y tras sufrir episodios de bullying, decidió invertir su primer dinero en una cámara super-8 que compró en El Rastro por 900 pesetas. Ese artefacto se convertiría en su pasaporte hacia un universo en el que podía reinventarse, contar historias y, sobre todo, escapar de una realidad que en ocasiones resultaba hostil.

Santiago Segura cover Óyeme Magazine!
Santiago Segura cover Óyeme Magazine!

Con esa cámara comenzó a rodar cortometrajes caseros de apenas tres minutos, la duración máxima que permitía el cartucho de película. Muchos de aquellos rollos eran caducados, conseguidos a mitad de precio en la óptica de su barrio. Pero el ingenio de Segura suplía cualquier carencia técnica. Años más tarde, ese mismo ingenio sería el sello de su carrera: la mezcla de picardía, perseverancia y humor como herramientas para abrirse paso en una industria donde pocos apostaban por él.

Un joven que apostaba por el riesgo

Su formación académica lo llevó a cursar Bachillerato en el histórico Instituto San Isidro de Madrid. El COU lo realizó en Estados Unidos, donde mejoró notablemente su inglés, experiencia que más tarde le sería útil para trabajar con directores internacionales. Sin embargo, su verdadera vocación se encontraba en el dibujo y la creación artística, por lo que estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid.

No tuvo reparos en experimentar con diferentes formas de narrar. Escribió relatos de corte erótico para revistas especializadas, dibujó cómics de humor subido de tono bajo seudónimos y hasta trabajó como actor de doblaje en producciones de bajo presupuesto. Aquellos trabajos no eran más que peldaños de una escalera que lo llevaría a lo más alto, aunque entonces pocos lo intuían.

En paralelo, empezó a presentarse a concursos televisivos como No te rías que es peor, Locos por la tele o El huevo de Colón. No era vanidad, era necesidad. Con esos premios financiaba sus cortometrajes y se permitía seguir soñando. Entre ellos surgieron títulos como Evilio, Perturbado y El purificador, donde desplegaba un humor ácido y referencias al cine de terror. Estos cortos no solo le dieron reconocimiento, sino que llegaron a obtener premios y hasta un Goya, consolidándolo como una figura emergente en el panorama del cine independiente español.

La recomendación que lo cambió todo

En 1989, su cortometraje Relatos de medianoche fue premiado en el certamen Cinema Jove de València. Allí, Fernando Trueba, miembro del jurado, se interesó por su trabajo y le aconsejó dar el salto al 35 mm. Ese encuentro resultó decisivo. Segura, siempre atrevido, siguió el consejo y empezó a trabajar en producciones de mayor escala.

En festivales conoció a cineastas que, como él, estaban empezando: Óscar Aibar, Javier Fesser, Chus Gutiérrez, Pablo Berger o Icíar Bollaín. Pero hubo un encuentro que marcó su vida: Álex de la Iglesia. Con él trabajó en Acción mutante (1993) y, sobre todo, en El día de la bestia (1995), donde interpretó a José Mari, un dependiente de tienda obsesionado con el satanismo. Aquella interpretación le valió el Goya al mejor actor revelación. Había nacido una estrella.

Torrente: la gloria y la polémica

El gran salto como director llegó en 1998 con Torrente, el brazo tonto de la ley. Segura no solo escribió y dirigió la película, también interpretó al protagonista y compuso la canción “Apatrullando la ciudad”. El personaje, un policía machista, racista, corrupto y políticamente incorrecto, se convirtió en un fenómeno cultural. Con un humor irreverente, Torrente conectó con el público de manera masiva, hasta convertirse en la película más taquillera del cine español de su tiempo.

El éxito fue tal que llegaron las secuelas: Torrente 2: misión en Marbella (2001), Torrente 3: el protector (2005), Torrente 4: Lethal crisis (2011) y Torrente 5: Operación Eurovegas (2014). La saga recaudó cifras históricas y creó un auténtico universo de merchandising, cómics y videojuegos. Torrente era ya un icono popular, amado y odiado a partes iguales, pero indudablemente reconocido.

Segura no era ajeno a las críticas. Muchos lo acusaban de vulgarizar el cine español, pero lo cierto es que con cada entrega lograba llenar las salas como ningún otro director nacional. Su capacidad para conectar con el gran público y convertir a un personaje repulsivo en un fenómeno de masas es, sin duda, una de las claves de su talento.

Un camino lleno de luces y sombras

No todo fue triunfo. A lo largo de su carrera, Segura también enfrentó momentos difíciles. Tras la tercera parte de Torrente, varios proyectos no funcionaron en taquilla, lo que lo llevó a atravesar problemas económicos. Aquella etapa, lejos de hundirlo, lo impulsó a reinventarse. Su resiliencia quedó demostrada al rodar Torrente 4 en 3D, un riesgo técnico que volvió a llevar al público a los cines.

Al mismo tiempo, se consolidaba como actor versátil. Participó en películas internacionales como Blade II (2002), Hellboy (2004) y Pacific Rim (2013), gracias a su amistad con Guillermo del Toro. También se convirtió en una voz reconocida en el doblaje español, poniendo voz a personajes memorables en Monstruos S.A., El nuevo coche de Mike o Los productores.

En televisión, se ganó el cariño del público como colaborador en programas y presentador en espacios como Sabías a lo que venías o Viaje al centro de la tele. En 2011 se unió a El hormiguero con su sección Lecciones de cine, y ese mismo año sorprendió como concursante en la primera edición de Tu cara me suena, demostrando una faceta camaleónica y divertida.

Un humorista con alma de empresario

Más allá del cine, Santiago Segura ha demostrado ser un hábil empresario. Entendió que el marketing personal era tan importante como la propia película. En el caso de Torrente, su presencia constante en los medios, su humor irreverente y su capacidad para autoparodiarse fueron armas clave para mantener viva la saga.

También supo diversificarse como productor en películas de amigos y colegas, siempre apoyando a talentos emergentes. No obstante, su gran apuesta empresarial ha sido su capacidad de conectar con las nuevas generaciones, adaptando su humor a un público familiar sin perder su esencia transgresora.

La reinvención con padre no hay más que uno

Tras años siendo el “padre” de Torrente, en 2019 Santiago Segura sorprendió con un giro inesperado. Dirigió y protagonizó Padre no hay más que uno, una comedia familiar en la que interpreta a Javier García, un padre despistado que debe enfrentarse a los retos de la paternidad moderna. La película se convirtió en un éxito inmediato y dio lugar a varias secuelas, la más reciente estrenada en 2025.

Esta saga supuso un nuevo aire para su carrera. Le permitió conectar con un público diferente, consolidándose como el referente del cine familiar en España. La crítica lo reconoció por su capacidad de reinventarse y demostrar que su talento no se limitaba a la incorrección de Torrente. Con Padre no hay más que uno, Segura conquistó a padres, madres, hijos y abuelos, demostrando que la risa es un lenguaje universal.

Entre la polémica y el cariño del público

A lo largo de su carrera, Santiago Segura ha vivido con naturalidad la dualidad entre admiración y crítica. Su cine, marcado por la sátira y la exageración, nunca ha dejado indiferente a nadie. Si algo lo define es precisamente su capacidad para provocar conversación, ya sea con Torrente, sus participaciones televisivas o sus proyectos más recientes.

Su trayectoria está plagada de anécdotas, como la vez que, en plena promoción de Torrente 2, apostó en un programa de televisión que lograría perder en el mismo tiempo los kilos que había ganado para interpretar al personaje… y lo cumplió. O cuando en Torrente 3 se desató una polémica por una escena considerada ofensiva, a la que respondió con una disculpa pública que demostró su capacidad de reconocer errores sin renunciar a su estilo.

Legado y futuro

Hoy, a sus 60 años, Santiago Segura es mucho más que el creador de Torrente. Es un referente del cine español, un hombre que supo transformar las dificultades en oportunidades y que ha dejado huella en varias generaciones de espectadores.

De aquel niño que rodaba cortos con película caducada al empresario capaz de llenar cines con sus comedias familiares, hay un hilo conductor: la pasión por contar historias y la convicción de que el humor es una herramienta poderosa para conectar con la gente.

Con el estreno de la quinta entrega de Padre no hay más que uno, Segura demuestra que sigue siendo capaz de reinventarse y adaptarse a los tiempos sin perder su sello personal. Su carrera es un ejemplo de cómo el talento, acompañado de perseverancia y picardía, puede convertir a un chico de Carabanchel en el rey indiscutible de la taquilla española.

Santiago Segura no solo ha hecho reír a millones de personas; ha escrito un capítulo esencial en la historia del cine en España, demostrando que, a veces, el humor puede ser la forma más seria de dejar huella.

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