Por qué las bebidas ‘light’ engordan a pesar de ser ‘light’: tres hipótesis

Aunque la nutrición se ha puesto más o menos de acuerdo en que la variante dietética de estas bebidas no es totalmente positiva, aún falta por saber cuál es la verdadera razón

Es solo el principio. Como hemos explicado a menudo, cada vez son más las investigaciones que ponen de manifiesto el riesgo que entraña para la salud tomar bebidas ‘light’ pensando que son completamente inocuas en comparación con las bebidas azucaradas.

Lo que señalan estos estudios es que, a pesar de no aportar las mismas calorías, estas alternativas están asociadas a otros problemas. Entre ellos se encuentran el crecimiento de la grasa abdominal o el aumento en el riesgo de padecer diabetes autoinmune latente o síndrome metabólico. Lo sorprendente de este caso, en principio, es que los edulcorantes que se utilizan en las bebidas ‘light’, como el aspartamo, la sacarina o el ciclamato, en principio deberían contribuir mucho menos que el azúcar a la aparición de estos problemas.

La última investigación en señalar los problemas ligados a la utilización de estos edulcorantes ha sido publicada en el último número de ‘Plos’ esta misma semana. Después de analizar 8.268 medidas antropométricas y 3.096 diarios alimenticios de 1.454 participantes de la ciudad de Baltimore que habían consumido estas bebidas durante un decenio, los científicos han llegado a la conclusión de que el uso de estos productos está “asociado con un mayor peso relativo, una cintura mayor y una mayor prevalencia de la obesidad abdominal, lo que sugiere que pueden no ser efectivos como una medida para controlar el peso”. Además, el estudio afirmaba que el consumo de estos edulcorantes podía afectar la acumulación de grasa, “un factor importante en las enfermedades cardiovasculares y la mortalidad”.

Son muchos los estudios que en los últimos años han identificado esta vinculación entre el consumo de bebidas dietéticas y una mayor grasa abdominal, y no insistiremos en ello puesto que en el tema enlazado inmediatamente encima de este párrafo pueden consultarse. Lo que no queda tan claro es por qué se produce este proceso de engorde, que puede depender tanto de factores psicológicos como neuronales o digestivos.

Un reportaje en ‘Vox’ ha intentado analizar las tres hipótesis que más fuerza han cobrado a la hora de explicar esta peculiar situación. Como recuerda el reportaje, es difícil establecer una relación de causa y efecto clara puesto que la mayor parte de investigaciones son observacionales, es decir, recaban información sobre lo que la gente ha hecho, pero no diseñan experimentos con grupos de control que permitan analizar cada factor por separado.

El efecto compensación

Según esta teoría, las bebidas ‘light’ no engordan per se, pero sí están relacionadas con hábitos de vida muy poco saludables. ¿De qué manera? El profesor de la Universidad de Stanford Christopher Gardner explica que, por ejemplo, si te has tomado una Coca-Cola ‘light’ por la tarde y llega la hora de la cena, es posible que nos dejemos llevar pensando que hemos sido buenos, y nos permitamos un capricho. El problema es que en realidad lo único que estamos consiguiendo es tener menos disciplina aún que si consumiésemos bebidas azucaradas, en cuyo caso nos sentiríamos mal y comeríamos algo más sano por la noche.

Es el otro lado de lo que en otros artículos hemos llamado ‘la mentalidad Big Mac y Coca Cola Light’: según esta, muchos de los que consumen comida basura toman al mismo tiempo las variantes dietéticas de los refrescos más conocidos para atenuar sus efectos. A menudo, la gente que se decanta por las bebidas ‘light’ son aquellos que desean adelgazar y que suelen llevar estilos de vida menos saludables.

Efectos en la flora intestinal

Si alguien busca una explicación más estrictamente científica, esta es la suya. Varias investigaciones han señalado la posibilidad de que estas bebidas tengan efectos negativos en la microbiota del estómago en mayor grado que sus variantes azucaradas. Esta interferencia provocaría que se disparasen desórdenes metabólicos como la diabetes o la obesidad.

¿Cuál es la clave, en este caso? Como explicaba un estudio publicado en ‘Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism’ realizado con ratones, es posible que el consumo de aspartamo, uno de los edulcorantes más utilizados, bloquee la enzima conocida como fosfasata alcalina (FA), una proteína que interviene en la absorción de fosfatos por el intestino.

Como azúcar, pero sin azúcar

¿Y si el problema con las bebidas ‘light’ es que parecen refrescos azucarados pero no lo son? Muchas investigaciones sugieren que estas alternativas suelen disparar la sensación de hambre entre aquellos que las consumen. En algunos casos, como mostró un estudio publicado en ‘Diabetes Care’, el subidón de insulina que se experimenta cuando se consume sucralosa no va acompañada por un descenso de los niveles de glucosa. Lo que eso significa, en otras palabras, es que nuestro cuerpo reacciona ante estas alternativas como lo haría con el azúcar corriente, por su sabor, pero sin que finalmente llegue el azúcar al organismo.

De esa manera, el cuerpo comienza a ofrecer respuestas metabólicas equivocadas al consumo de estas bebidas. Como explica Swithers, “tu cuerpo dice ‘la última vez que probé algo dulce, no conseguí nada. Esta vez no sé qué va pasar, así que no voy a metabolizar esa energía’”. El consumo de estas alternativas, por lo tanto, provocaría que nuestro organismo siguiese necesitando azúcar y nos lanzásemos a consumirlo.

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