Nicole Kidman estaba ‘desesperada’ por quedarse embarazada antes de conocer a Keith Urban

Ahora nadie entiende porqué ella y Tom Cruise nunca tuvieron hijos biológicos, ¿habrá sido por la cienciología?

La oscarizada Nicole Kidman ha vuelto a hacer gala del carácter casi predestinado de su sólido matrimonio con el cantante Keith Urban al revelar que, antes de que los dos enamorados se conocieran y apostaran por un futuro juntos, ambos se encontraban en una situación vital marcada por su deseo casi ‘obsesivo’ de tener hijos propios.

En el caso de la australiana, quien en ese momento ya era madre -adoptiva- de Connor (24) e Isabella (26) junto a su exmarido Tom Cruise, necesitaba sentirse aún más realizada a nivel personal por medio de al menos un embarazo, especialmente después de que su relación diaria con sus retoños mayores empezara a enfriarse debido a los estrechos lazos que estos mantienen con su padre y, también, con la Iglesia de la Cienciología a la que los tres pertenecen.

“Llevaba toda la vida tratando de quedarme embarazada. Keith y yo estábamos desesperados por encontrar a esa persona con la que poder tener hijos. También llegamos a un punto en el que nos preguntábamos: ‘¿Ocurrirá algún día?’”, ha confesado la intérprete a la revista Woman’s Weekly sobre lo afortunados que se sienten de haberse conocido hace más de quince años.

Los dos artistas pasaron por el altar a mediados de 2006 y, dos años más tarde, daban la bienvenida a su primogénita Sunday Rose (10). Por si eso no fuera suficiente para sentir que habían cumplido uno de los objetivos más importantes de su vida, la pareja recibía en 2010 a su segunda hija en común, Faith Margaret, cerrando así la bonita familia que han construido.

Recientemente, la protagonista de la serie ‘Big Little Lies’ se expresaba sobre la mezcla de disciplina y cierta permisividad que define su enfoque educativo para con sus dos pequeñas, a las que no duda en poner límites infranqueables con los que evitar algunas transgresiones intolerables pero, al mismo tiempo, otorga libertad plena a la hora de descubrir su vocación y su futuro rumbo profesional.

“Me he dado cuenta de que no puedes forzar a nadie a tomar un camino que no le corresponde, o persuadirles para que hagan algo que no les motiva. Es verdad que puedes guiar y ayudar a alguien a encontrar aquello que le gusta. A mí nadie tuvo que convencerme de que tenía que ser actriz: todo lo contrario, intentaron disuadirme en infinidad de ocasiones”, apuntaba.

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