Nadal persigue su enésima reencarnación

El balear, mejorado de la muñeca, se ilusiona con su regreso y con la incorporación de Moyá a su equipo. El jueves se estrena en Abu Dabi

En el vestuario, y pese a que la lista de la ATP descubre a Rafael Nadal en el noveno escalón, lejísimos de la batalla que lidian ahora mismo en las alturas Andy Murray y Novak Djokovic, se repite un titular. «Volverá, siempre lo hace». La frase es atribuible a un altísimo porcentaje, pues todos coinciden en que Nadal, si está sano, tiene todavía gasolina y tenis como para pelear con los mejores. Después de una era de mordiscos y premios gordos –encadenó, de 2005 a 2014, diez cursos con al menos un Grand Slam–, al balear le han castigado una retahíla de lesiones y le falta la frescura de los años mozos, un treintañero con muchísimas vueltas en el cuentakilómetros. Sin embargo, hay motivos para concederle tanto margen como él mismo se proponga, acostumbrado a reencarnarse después de un mal trago. Siempre que ha sufrido algún daño en su cuerpo, ha trabajado para volver con más fuerza, incapaz de rendirse y anticipar su despedida.

Después de las comidas navideñas, Nadal viajó ayer a Abu Dabi, primera estación de un 2017 repleto de preguntas. Desde mañana, y como ya es tradición en su calendario, empieza con la exhibición en el emirato ante los ojos de los jeques, que sueltan cheques para tener a varias de las raquetas más glamurosas como antesala de una nueva temporada. No hay puntos en juego, pero sí que sirve para calibrar el estado de la muñeca del mallorquín, la misma que le torturó desde Roland Garros en 2016 y por la que dejó de competir en el epílogo. Forzó la máquina para tener la foto que le faltaba sujetando la bandera en Río y volver a revivir la experiencia olímpica y ese tute brasileño tuvo unas consecuencias definitivas. «Esta recuperación acelerada me ha causado dolor en todos los torneos desde entonces y ahora me veo obligado a parar y pensar ya en 2017», expuso entonces.

Desde su entorno, cuentan que la muñeca responde bien, sin aparentes síntomas de dolor. Nadal ha trabajado a una intensidad altísima y está emocionado ante el regreso a la competición, con el gusanillo por ver si el físico y el tenis se equipara con las ganas. En octubre, casi seco de energía y con evidentes problemas físicos, disputó en Shanghái su último partido individual y únicamente se le ha visto en la pista para juntarse con Marc López en el Campeonato de España de dobles que se celebraba en su academia. Ganaron.

Sin un major que morder en los dos últimos años, y únicamente con el último trofeo de Montecarlo como premio pata negra del que presumir, Nadal persigue esa aura de campeón que atenazaba a los rivales con su mera presencia. Ha intensificado las sesiones de trabajo y le beneficia que todo esté centralizado en su academia de Manacor, encantado con el proyecto que lleva su nombre ya que tiene a mano tanto como desea. Además, ha introducido nuevos elementos en los entrenamientos, cuida más la dieta y la recuperación y suma un nuevo rostro a su equipo. Para que entre aire fresco, ha contratado a Carlos Moyá, íntimo amigo desde hace una pila de años y que le acompañará durante varias semanas. «Pienso que Rafa puede volver a ganar Grand Slams y a recuperar el número uno. Bueno, no lo pienso; estoy seguro», confirmaba Moyá a este diario recientemente. En Abu Dabi estará Toni Nadal, y para Melbourne ya se incorporará Moyá en lugar de Francis Roig, que solía viajar a Australia.

Para abrir boca, Nadal se medirá mañana a Tomas Berdych (sobre las 16 horas), un examen complicado. No hay obligación de ganar ni los resultados valen para ascender en la clasificación mundial, pero sí que es fundamental recuperar la autoestima con triunfos ante los mejores del chiringuito. De vencer al checo, en semifinales jugaría contra Milos Raonic, clasificado por derecho propio para esa ronda, y presumiblemente esperaría Andy Murray, número uno de la ATP, en una hipotética final ( por esa parte del cuadro también están David Goffin y Jo-Wilfried Tsonga).

Más allá de títulos, una obviedad ya que el mallorquín es un competidor empedernido, Nadal y su gente reclaman salud para un año sin sobresaltos. «Yo creo que todavía tiene cuerda para rato. Si no hay problemas físicos, seguro que Rafa está dando guerra otra vez y logrando cosas importantes», aporta Marc López. «Lo más importante es que juegue todo el año sin lesiones, que el cuerpo le responda. Rafa necesita continuidad, confianza y jugar sin estar pendiente de su cuerpo. Y, si está sano, puede volver a lo más alto», coincide Moyá. Nadie del circuito se atreve a cuestionar esa sentencia porque Nadal, hasta la fecha, siempre ha vuelto.

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