LeBron James, la leyenda que nunca se acaba

A sus 33 años, los números del alero de los Cavaliers crecen sin freno en busca del cuarto anillo de campeón de la NBA

Tuvo que acabar el séptimo partido ante los Pacers, para que LeBron James se quitara la coraza de superhéroe y mostrara algo de humanidad. «Estoy quemado. Solo quiere irme a casa a descansar. Ya pensaré el lunes en los Raptors», dijo el jugador de los Cavaliers, autor de 45 puntos, la cifra más alta de cualquier jugador desde 1963 en un duelo decisivo de playoffs. La suya ha sido una serie histórica, liderando a los Cavaliers en puntos, rebotes, asistencias, robos y tapones. El jugador total. Una versión imparable que le permite alargar su leyenda rumbo a su cuarto anillo de campeón.

Para LeBron James, ser el centro de atención no es nada nuevo. Lleva siéndolo desde que con apenas 15 años los medios le señalaron como el sucesor de Michael Jordan. Palabras mayores para un proyecto de jugador, que no se han quedado grandes, ya que la actual estrella de los Cavaliers ha demostrado estar a la altura de esa leyenda con el paso de los años. Porque más allá de los títulos de campeón de la NBA –lleva tres, por los seis que logró Jordan al final de su carrera–, lo cierto es que la trayectoria del «23» de los Cavaliers se acerca irremisiblemente a la del mítico jugador de los Bulls.

De aquel adolescente queda intacta el hambre de ganar. Ambición que ha quedado demostrada en la serie ante los Pacers, en la que LeBron ha liderado a los Cavaliers con un protagonismo desmedido, sin parangón. Un tercio de los puntos (35 por partido) y casi la mitad de las asistencias del equipo en esa primera ronda del Este han llegado de sus manos. Imparable para los Pacers, cuyo esfuerzo por frenarle ha sido estéril.

La superioridad mostrada por LeBron le permite alcanzar por décimo tercera temporada consecutiva las semifinales de conferencia, donde los Cavaliers se medirán a partir de esta noche a los Raptors de Serge Ibaka, con el factor cancha en contra. Más difícil todavía para un James que no conoce límites. Los ha ido rompiendo todos con el paso de los años. Desde que firmó un contrato de 90 millones de dólares con una marca de ropa deportiva antes incluso de llegar a la NBA, hasta convertirse en el jugador con más partidos (200) con más de 20 puntos en los playoffs en toda la historia de la liga.

Calderón, de escudero

LeBron busca este año su octava final seguida de la NBA, algo que solo un puñado de jugadores de los Celtics de los 60 –comandados por el mítico Bill Russell– han conseguido alguna vez. Para lograrlo, además de su pericia, los Cavaliers necesitarán el impulso del resto de jugadores. Nombres como el de Kevin Love, George Hill o J. R. Smith deben dar un paso adelante para contribuir a la causa, como ha hecho José Manuel Calderón en la serie ante los Pacers.

El español ha aprovechado la baja momentánea de Hill para disfrutar de más minutos y su aportación ha sido clave por momentos. Tanto, que el propio LeBron no ha dudado en destacar al base extremeño como uno de los factores diferenciales del éxito en esa primera ronda. Para Calderón serán sus primeras semifinales de conferencia y las disputará ante el que fuera su equipo durante sus mejores años en la NBA. Un duelo especial para él, en el que, a priori, volverá a ejercer un papel marginal desde el banquillo.

La prueba de Toronto se antoja complicada para los Cavaliers, que no tendrán el apoyo de su público en un hipotético séptimo partido. Tras acabar bastante tocado físicamente el pasado domingo, con calambres en todo el cuerpo, buena parte del éxito de la franquicia de Ohio pasa por recuperar plenamente a su estrella, que apenas ha descansado seis minutos por partido en la eliminatoria ante los Pacers. Ritmo que habría hecho trizas a cualquier otro jugador, pero no a este LeBron James en modo superhéroe, empeñado en alcanzar casi por sí solo un nuevo anillo que le acerque a Jordan y que siga haciendo más grande su leyenda.

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