Las huellas de Barry Bonds están por todo el line up de Miami

Cuando Marcell Ozuna supo que lo habían elegido al Juego de las Estrellas al primero que buscó con la vista fue a Barry Bonds y con dos palabras resumió los sentimientos hacia su maestro de bateo: “muchas gracias”.

El dominicano no halló otra manera más sincera de retribuir las largas horas que Bonds le había dedicado cuando nadie veía, en esas cajas de práctica bajo techo, donde la repetición borda en el aburrimiento.

“Barry siempre ha estado encima de mí, de mi swing, corrigiendo mis movimientos”, comentó Ozuna. “Yo me he beneficiado mucho de esa montaña de conocimientos. Yo solo no, somos unos cuantos en este equipo”.

Al terminar la pausa estelar, los Marlins contaban con tres bateadores entre los 10 primeros en promedio de la Liga Nacional y cinco entre los mejores 15, algo que muy pocos esperaban al inicio de la temporada.

Como si fuera poco, los peces son el segundo equipo de mejor promedio en todas las Grandes Ligas (.273), únicamente superados por Boston (.292), a pesar de perder al campeón de bateo de la contienda pasada y de sufrir el slump prolongadísimo de su principal slugger.

“Bonds y nos ha predicado siempre la paciencia, dejar que el juego venga a nosotros, que los lanzadores rivales tengan que trabajar más para dominarnos”, apuntó Martín Prado, quien con .324 es el primero entre todos los de Miami. “Todos hemos puesto atención y se ve el resultado”.

¿Quién lo hubiera dicho? Paciencia, Bonds…el siempre la tuvo como bateador y posiblemente no pise un terreno otro pelotero con mejor zona de strike ni criterio de selección de pitcheos.

Pero fuera de la caja la paciencia nunca fue la mejor aliada del hombre que levanta polémicas cuando se le llama el “Rey del Jonrón”, un Salón de la Fama para unos y un mentiroso para otros.

Cuando el propietario Jeffrey Loria tuvo la idea de contratarlo como coach de bateo muchos creyeron que se trataba de un acto de propaganda barata, un ilusionismo para encubrir la falta de movimientos en el invierno.

Hasta el mismo manager, Don Mattingly, tuvo palabras de escepticismo sobre lo que podía esperar de Bonds en calidad de maestro. ¿Soportaría el rigor de impartir conocimientos? ¿Sería capaz de transmitir sus ideas? ¿Tendría paciencia con los jóvenes?

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