La noche de Alcácer, el héroe del Barça

El delantero valenciano, titular por segunda vez en la Liga, firma el triunfo del Barça sobre el Sevilla con un doblete y blinda el liderato (2-1)

Alcácer fue titular y Alcácer marcó dos goles. Salvó al Barça de un empate ante un notable Sevilla, alargando la apoteósica racha del equipo (10 victorias y 1 empate en 11 jornadas) y convirtiendo el liderato en un bastión inexpugnable. La noche empapada de gloria tal vez no compense a Alcácer de tantas jornadas de amargura, de suplencia y grada, pero pudo sentirse por un día el héroe del equipo.

Su intervención fue tan crucial y decisiva que no se explica el triunfo del Barça sin la aportación del delantero, rescatado del fondo del armario por Valverde, lo que también remitiría al fino instinto del entrenador, elogiado por la buena mano con los cambios. Aunque a veces estén programados, como los practicados ante el Sevilla: retiró a Iniesta justo después del empate de Pizarro y reemplazó a Alcácer recién celebrado el segundo gol. No, no acabó el partido. Pero nunca encajó tan bien una sustitución. Hacía rato que estaba extenuado y el Camp Nou le tributó la ovación soñada por cualquier futbolista.

Alcácer emergió en la noche que debía ser de Messi, quien cumplía su partido 600 con el Barça. El astro buscó el gol con más denuedo de lo habitual si cabe, para quebrar la curiosidad de que se queda sin marcar cuando celebra un partido centenario (solo lo hizo en el 500). Y fue otra noche negra de Suárez, que no ve la portería ni a tiros.

Alcácer fue también la sorpresa más sonada de la alineación. Dispuso de la tercera oportunidad de la temporada (dos veces titular en la Liga y una en la Copa). Pocas, sin embargo, en la perspectiva de 18 partidos oficiales y cuando ya ha desfilado por la delantera hasta el apuntador. ¿Por qué precisamente ante el Sevilla? Seguramente por la voluntad de Valverde de retocar el dispositivo de ataque, con dos puntas y un mediapunta por detrás (Messi) que a su vez era el vértice del rombo de los cuatro entrocampistas.

Si sonada fue la titularidad de Alcácer, igual de valiosa fue la de Iniesta, que regresó para recordar cuán insustituible que es en el Barça, no tanto por la consecución del resultado como por la identidad que le da.

Un equipo que hace del movimiento y la posesión del balón su razón de ser, necesita a Iniesta, maravilloso y sutil en el uno contra uno que planteó el Sevilla, más guapo que peligroso. Quiso salir jugando desde atrás pero nunca llegó delante.

Banega fue la válvula de escape del Sevilla cuando podía zafarse de la presión azulgrana, solo practicada tras las pérdidas de balón. Como los entrenadores convinieron en emparejarlo con Busquets, los dos protagonizaron uno de los duelos más interesantes, sepultados no obstante por el brillo de Alcácer, letal en el área rematando a un toque, sin pensaar, fatal fuera de ella.

Muy exigidos por el rival, Banega y Busquets acentuaron su concentración por la importancia que desempeñaban en el juego. Tocaron muchos balones, pero también debían robarlos. Representantes de dos estilos muy distintos, acabó triunfando Busquets, porque jugó más de cara al juego.

La pelota fue siempre del Barça, inferior numéricamente en el centro del campo, pero infinitamente más hábil para moverla con rapidez y precisión en espacios minúsculos. Entre los cuatro azulgranas frente a los cinco blancos se contaban Iniesta (luego Pauliho) y Messi: insuperable. Los pequeños, acompañados por Busquets y Rakitic, superaron con facilidad la vigilancia individual que ejerció el Sevilla. Cuando a los 9 minutos el Barça ya había rematado seis veces, Berizzo ordenó a Pizarro que persiguiera Messi.

También se podía contar como centrocampista Alcácer, disciplinado interior derecho en situaciones defensivas. Cuando el Barça recuperaba la posesión salía hacia el ataque para repartirse la mitad del ataque con Suárez, basculado hacia la izquierda. Solo retrocedía Alcácer; Suárez se quedó arriba, refunfuñando por lo frustrado que se sintió estrellándose una y otra vez ante Kjaer.

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