La dieta LCHF: la que algunos médicos han empezado a recomendar

Varios estudios avisan: la guerra contra las grasas fue un error. Según los especialistas, existen motivos para defenderlas ahora como un elemento fundamental de los regímenes

Grasas contra carbohidratos. Se trata de un debate que enfrenta abiertamente a los nutricionistas. Baste como ejemplo la curiosa diatriba que se ha vivido el pasado mes en un país como Canadá donde tales especialistas, a través de medios como como ‘Le Soleil’ y ‘The Huffington Post’ han hecho valer sus opiniones casi como hubiera detrás toda una pelea ideológica.

Los detractores de la limitación excesiva de carbohidratos aseguran que se trata de una dieta tan restrictiva que acaba provocando que la gente acabe abandonándola. Los mismos, son también opuestos a la demonización de ciertos alimentos como el azúcar o el alcohol: “en el mundo de la dietética nada es blanco o negro. Cada vez que hemos intentado aislar un nutriente (carbohidratos, proteínas o lípidos) y hacerlo responsable de todos los males, nos hemos equivocado”, defiende un grupo de dietistas en una carta dirigida al citado diario ‘Le Soleil’.

Una acusación que los médicos defensores de la dieta LCHF, siglas en inglés de Low-Carb, High-Fat (baja en carbohidratos, alta en grasas) están dispuestos a rebatir. ¿Cuáles son los factores por los que algunos doctores y nutricionistas son partidarios de tal régimen rico en grasas? He aquí las razones de fondo.

Algo más que adelgazar

Lo primero es admitir que, efectivamente, las restricciones existen, pero tal y como asegura la doctora Èvelyne Bourdua-Roy eso es lo que ocurre con cualquier otro régimen: “quienes optan por ser vegetarianos aceptan las limitaciones en pos de su salud al igual que quienes son intolerantes al gluten. No olvidemos que la gente que sigue una dieta baja en grasas hace lo mismo cuando elimina el queso, la mantequilla, los huevos o ciertos tipos de carne. Cuando se trata de nuestra salud, todos efectuamos elecciones”.

Los partidarios del LCHF aseguran que se trata de una dieta tan antigua como el propio ser humano y que el consumo excesivo de carbohidratos como el pan, la pasta, las patatas, el arroz o los dulces es algo que se ha vuelto corriente en las sociedades occidentales solo desde hace poco más de cuatro décadas. Antiguamente no existía esa obsesión por contar calorías, algo asociado en ciertas ocasiones con desórdenes alimentarios. Lo inteligente sería, por tanto, saber escuchar al cuerpo como se ha hecho siempre, y eso es más fácil de conseguir con un régimen alto en grasas, que provoca una rápida sensación de saciedad, frente a una dieta rica en hidratos de carbono.

Bourdua-Roy asegura que el valor de la dieta LCHF no está solo en sus posibilidades para la pérdida de peso, sino en que es un estilo de vida en sí mismo. Lo importante, eso sí, es incorporar solo las grasas naturales presentes en los quesos, las carnes, el aceite de oliva, los aguacates o el coco y no las provenientes de las comidas procesadas.

Según los expertos, Todos ellos no solo permiten mantener la línea, sino prevenir enfermedades como la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico, la fatiga crónica o la hipertensión. Según un estudio publicado por la universidad de McMaster en ‘The Lancet’, entre los 135.000 sujetos que sirvieron como muestra provenientes de 18 países distintos, los que llevaban una dieta alta en grasas tenían un 30% menos de posibilidades de sufrir una muerte prematura en el tiempo que duró la investigación, frente a aquellos que ingerían altas cantidades de carbohidratos. “Lo que vemos en las clínicas y ambulatorios es que los niveles de azúcar son más bajos, la presión arterial cae, el sueño mejora y el perfil lipídico es mejor”, afirma Bourdua-Roy.

La dieta para los principiantes

‘Diet Doctor’ ofrece los sencillos principios fundamentales que conforman una dieta LCHF. La carne, el pescado, el queso, los huevos, las verduras y las grasas naturales (como el aceite de oliva o la mantequilla) son la base. Lo que hay que evitar, sin embargo son los azúcares, los alimentos ricos en almidón como las patatas, la pasta, el arroz, las alubias y los productos industriales como la bollería. Los alimentos ricos en fibra también son bienvenidos.

Respecto a las bebidas, la cerveza queda fuera frente al agua, el café, el té e incluso el vino en dosis moderadas. La norma es no pesar las cantidades ni medir las calorías, sino comer simplemente hasta sentirse saciado. Debido a los cambios de hábitos, durante la primera semana se pueden llegar a sentir algunos efectos secundarios como un ligero cansancio por la rebaja de los niveles de azúcar. Apenas pasados los primeros siete días, los niveles de energía volverán a la normalidad y los frutos de la pérdida de peso comenzarán a aparecer. Antes de decidirnos a llevar a cabo un régimen LCHF se aconseja consultar antes con un médico o nutricionista, sobre todo en los casos de personas aquejadas de diabetes, de hipertensión o también para aquellas madres que estén dando el pecho.

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