Kovalev-Ward, la pelea de la esperanza en medio del paisaje lunar

Al fin una que vale y brilla. Lo que ha sido una temporada deplorable de boxeo pudiera levantar el estandarte de la esperanza si este sábado en la noche Sergey Kovalev y Andre Ward nos regalan la pelea que todos esperamos, una para el recuerdo y las épocas.

Han sido 11 meses de mucho ruido y casi nada de nueces, de choques que nadie pedía ni quería, de promotores sordos, y campeones que esquivaron a otros campeones, de buenos que atendieron a los mediocres.

Contadas son las ocasiones en que el número uno enfrenta al número dos, pero Kovalev-Ward cumple los requisitos, amenaza con llevarse las expectativas y repleta las subtramas de venta y atención.

De un lado el destructor ruso, producto de la maquinaria ex soviética amateur, hijo directo de la caída del Muro de Berlín y el caos surgido de las ruinas de un imperio, todo poder, todo golpe, gozoso en al arte de infligir dolor y provocar la sangre, como un Iván Drago de estos tiempos.

Del otro el artista Ward, el hijo de drogadictos que encontró la salvación en el boxeo y un padre en su entrenador Virgil Hunter, bello en las fintas, elegante en las combinaciones, preciso y punzante, un Rafael que suele convertir la lona en su lienzo personal, con pinceladas maestras.

Los estilos están planteados y mientras los puristas se decantan del lado de quien ha estado en las listas de los mejores libra por libra del mundo en los últimos tiempos, otro grupo se inclina por la presión extrema de Kovalev, ese oso que se abre camino sobre sus zarpazos de miedo.

Ambos representan lo mejor y lo peor que el boxeo puede ofrecer. Kovalev resulta un canto a la persistencia, la indicación aún viva de que quien posee talento asciende, el que derriba sube. Ward ofrece una historia cautelar: perdió dos preciosos años enredado en temas legales con sus antiguos promotores, una historia bastante común por estos días.

El que gane podrá llamarse sin temor alguno el rey de las 175 libras, sin importar que otro por ahí -directo a Adonis Stevenson- también posea una de esas coronas alfabéticas que cada vez son menos relevantes.

Durante mucho tiempo los fanáticos han tenido que zumbarse esos Pagos Por Ver sin ningún tipo de fundamento ni demanda, o les han dado las espalda como bien ilustran los dos últimos donde ha intervenido Manny Pacquiao, con anémicos promedios de 300,000 compras. ¿Recuerdan cuando vendía millones?

Pero este de Kovalev-Ward pudiera regresarnos a una de esas noches legendarias que detenían el mundo, cuando dos gigantes se entregaban en la danza macabra de hacerse daño de manera mutua. Este sí que vale la pena.

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