El tridente ha vuelto

La delantera azulgrana destroza al Celtic con un festival de Messi (3 goles), Suárez (2) y Neymar (1) al que se apunta Iniesta

Si en la pretemporada el Barça resolvió pronto el amistoso que le enfrentó al Celtic en Dublin, apenas 45 minutos, más rápido anduvo esta vez, quemado por el disgusto del sábado y espoleado con el aliciente del debut en la Champions. A los dos minutos había marcado Messi y a los 26 había anudado un doblete, lo que presagiaba un festival de los buenos con la velocidad con que se apuntaban los goles y la pena que daba el Celtic, que se llevó una tunda de aúpa apareciendo en la mayor goleada en la Champions del Barça.

El número uno siempre va por delante de los demás, y más ayer, que fue el capitán en ausencia de Iniesta, y a su estela se alinearon todos. Empezando por Neymar, que junto a Messi y Suárez, en la restitución del tridente, pareció otro tras haber actuado junto a Arda y Alcácer. Jugó con la sonrisa en la boca, feliz de reunirse con sus socios habituales por primera vez esta temporada.

Volvió el tridente y el Barça lo notó. Y el Celtic, naturalmente, zarandeado como un pelele por las ganas de marcha de los delanteros y con más saña que en su última visita hace tres años (6-1). Ni Luis Suárez se apiadó de su exentrenador del Liverpool, envidioso del banquete que se estaban dando los demás, hasta el punto de colocar un par de guindas al final.

Solo tres jugadores del Barça repetían del premonitorio ensayo de julio: Sergi Roberto, Messi y Suárez, señal inequívoca de que aquello fue una pachanga. También repitieron tres del Celtic, que entonces jugó con suplentes para poder colarse en la liguilla de la Champions. Y se repitió la pachanga, esta vez con etiqueta oficial.

El Celtic empeoró la pobre impresión del pasado 30 de julio. Dio igual que anoche jugara con los buenos y viajara entusiasmado a Barcelona por volver a la Champions tras haber apalizado al Rangers en su país mientras el Barça pinchaba. Otrora grande europeo, ahora penaliza el escaso nivel de la Liga escocesa, que en los últimos cuatro años dejó de ser un debate de dos cuando el odioso vecino de Glasgow fue descendido por las deudas.

La buena mano de Rodgers, publicitada también por Luis Enrique, no se vio por ningún lado. Tampoco era el día más indicado ante un Barça pletórico que salió con el resquemor del sábado. La verticalidad de Sinclair o la rapidez de Dembélé no son virtudes destacables del entrenador.

El dispositivo que dibujó en la pizarra sí fue responsabilidad suya: alineó a cinco defensas y a los dos minutos ya había encajado un gol. Más fama que maña demostró Rodgers, que aguantó el simbólico chaparrón de pie mientras su cara se iba enrojeciendo entre la ira y la vergüenza. El resultado más humillante de la historia, la suya y la azulgrana, le dejó muy señalado.

Un Messi a medio gas dirigió el cómodo triunfo veraniego y ahora, cuando ha cogido carrerilla, decidió sentenciarlo desde el principio, aniquilando cualquier síntoma de desasosiego que pudiera arraigar tras el tropezón liguero. Resolvió el asunto y luego se puso a jugar con los demás, repartiendo bolas como un centrocampista sin perder de vista la posibilidad de inscribir su primer triplete o el póquer. Ningún señuelo mejor para él que ahberse visto por la mañana verse en la clasificación histórica de goleadores de la Champions a 10 goles de Cristiano. Neymar, siempre a su vera, le ganó en asistencias: dio cuatro.

El placer de ver a Messi es habitual. En cambio, ver a André Gomes es novedoso. Como Umtiti. Los dos fichajes que no jugaron ante el Alavés, sacaron la cabecita en el plato fuerte de la semana, con los bicampeones. André Gomes ocupó el puesto de Iniesta y pareció un estupendo jugador, elegante y fino a la vez que eficaz y rápido. Ocupó el de Rakitic y mantuvo la alta capacidad de trabajo del croata. Ocupó el de Busquets y el Barça siguió ordenado, golpeando con saña al Celtic.

Esa fue la mano de Luis Enrique, que prefirió caminar sobre seguro, sin ensayos y sin rotaciones. Entre todos condenaron al olvido el penalti parado por Ter Stegen en la única vez que el Celtic se adentró en el área local.

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