El Liverpool apabulla pero no sentencia a un Oporto sobrepasado

El equipo de Klopp fue muy superior a un equipo de Casillas para el que lo mejor fue el resultado

Apenas cinco minutos le duró la ilusión al Oporto, que se vio con el marcador en contra casi sin darse cuenta y ahí empezó su calvario. El Liverpool encontró el gol antes que el juego, pero cuando lo hizo fue de una manera abrumadora, con Van Dijk espléndido y Firmino majestuoso.

La eliminatoria se atisba sentenciada, no solo por la renta de dos goles que se lleva el equipo de Klopp, si no por la aplastante superioridad que mostró ante un Oporto sobrepasado, encomendado a Marega para que completara una misión imposible y con el resultado como mejor noticia de la noche.

Presión de los ‘reds’

Todo empezó con balón largo, bienintencionado, de Milner al cuarto minuto, encontró a un inspirado Mané que centró para hallar a Firmino en su habitual movimiento de ruptura. Su cesión atrás llegó a un Keita que disparó ante la oposición de Óliver Torres. Su intento defensivo terminó desviando la trayectoria del tiro hasta un lugar imposible para Casillas.

El Liverpool mejoró tras el gol, dio un paso adelante y borró al equipo portugués del césped de Anfield. La presión de los de Klopp confinó al Oporto a labores defensivas, con el centro del campo ahogado por el ritmo y la defensa torturada, sobre todo por un Salah tan veloz y vertical como desacertado en el remate, lo único que mantuvo a los portugueses con vida en el partido.

Entonces apareció Firmino, que se empeñó en tener más peso en el juego y le dio una clarividencia portentosa al ataque red, cristalizada en un gol maravilloso, muestra de la verticalidad y precisión que despliega el equipo inglés.

Vendaval de los de Klopp

La baja de Herrera propició la entrada en el once de un Óliver Torres que empezó muy metido en el partido, como todo el Oporto, aupado por el ritmo pausado que le favorecía. A partir del gol, se reveló el truco y la ilusión portuguesa se topó con la realidad.

El vendaval de los de Klopp no se detuvo, frente a la impotencia de Conceição en el banquillo de un Oporto que todo lo que inquietó fue a través de Marega, su monumental potencia y su cuerpo de campeón de los pesos pesados de boxeo.

La otra ausencia portuguesa, la del central Pepe, movió al futuro madridista Militao a su posición natural, el centro de la defensa, donde resistió como pudo junto a Felipe, muy solos en una labor monumental.

Klopp apenas echó de menos a Robertson, pese a la pérdida de profundidad con Milner reconvertido en lateral (con Alberto Moreno en la grada), con una superioridad aplastante de su centro del campo y la inspiración de Firmino, omnipresente entre las delgadas líneas portuarias.

Morir en la orilla

Ya desde el tramo final del primer tiempo, el Liverpool asumió el partido con la suficiencia que demostró en el juego, tan paciente como persistente. El Oporto había buscado con todo lo que tenía un gol que le diera vida en la eliminatoria, con un sobreesfuerzo constante, pero sin más argumentos que el robusto Marega para sobreponerse a la eficiencia y solidez inglesa.

El partido portugués fue un nadar para morir en la orilla, ahogados ante un Liverpool que manejó el ritmo del partido con una solvencia apabullante. El Oporto movió el banquillo en busca de algo para hacer daño a un rival que, consciente de su superioridad, optó por minimizar daños y no desplegar todas sus armas en busca de una sentencia que, a la vista del partido, se antoja cuestión de tiempo.

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