El Barça gana al Olympiacos (3-1)

El once azulgrana fue tan superior a un Olympiacos cobarde que ni siquiera notó que jugó medio partido con 10 tras la expulsión de Piqué (3-1)

Venía entregado el Olympiacos, con un centrocampista (Odjidja) ejerciendo de delantero centro y con solo tres jugadores que habían disputado los dos partidos anteriores de la Champions, y se llevó lo que buscaba: una derrota digna. No pretendía nada más. Ya le vino bien al Barça encontrarse con un rival inofensivo una temporada sembrada de minas, y acabó agradeciendo un choque plácido que le permitió alargar el pleno de puntos en la Champions.

Tan poca oposición brindó el once griego que el Barça jugó con diez medio partido sin notarlo. Piqué dejó al equipo antes del descanso por dos estúpidas tarjetas: una por agarrar a un rival en el centro del campo, junto a la línea de banda, y la segunda por marcar un gol con la mano a puerta vacía. El instinto le jugó una mala pasada al privilegiado cerebro del defensa azulgrana.

No notó la inferioridad el Barça porque se pasó más del 60% el tiempo en el campo del Olympiacos, atacando, con poca gracia y menos eficacia: volvió a marcar gracias a un autogol ajeno y acabó contagiándose de la nulidad visitante en medio de furiosos chorros de lluvia.

Solo Messi rompió el tedio con su gol número 100 en competiciones europeas que liquidó cualquier posibilidad de que el Olympiacos se metiera un partido que dio por perdido antes de empezar, en un insulto a la competición.

Seguramente al Barça le dará más guerra el Málaga el proximo sábado, el último de la tabla, que no el once griego, campeón de 19 de las últimas 21 Ligas. Aterra pensar en el nivel futbolístico del país. Debió ser irreconocible el equipo de El Pireo incluso para Valverde, que lo dirigió tres temporadas. Un punto de lástima y pena debió sentir el técnico al ver lo degradado que está.

Los once titulares del Olympiacos sumaban menos partidos de Champions (82) que los jugados por Busquets (86), así que la teórica diferencia de nivel era concluyente antes de empezar. Luego se confirmó en toda su extensión. El público se entretuvo cantando bajo la lluvia ante las pocas cosas que pasaban sobre el césped.

En el primer tiempo, el procedimiento del Barça fue entregar balones a Deulofeu, titular y debutante en la Champions, para que los centrara. Y nadie los rematara, entre la escasa precisión del extremo y la muchedumbre griega en el área.

Hasta nueve jugadores, más el portero –todos excepto Odjidja, el delantero centro– se agolpaban para abortar cualquier remate local. Fue Nikolaou quien, esta vez, abundó en la fortuna barcelonista con los autogoles. Solo Paulinho, en un cabezazo al larguero, y Suárez, en un mano a mano fallido con Proto, acariciaron el segundo gol antes que Piqué lo hiciera con la mano.

Innecesaria pero prudentemente desconfiado, Valverde tiró de manual y reparó la repentina ausencia de uno de los centrales para colocar otro. Metió a Mascherano en el campo y quitó a Deulofeu, el principal percutor del equipo en la fase inicial. El Olympiacos solo se acercó en el segundo córner que lanzó, al final, y Nikolaou pudo enmendar su error marcando en la misma portería del Gol Sud, pero en la que defendía de Ter Stegen.

Hasta entonces todo discurrió bajo las mismas premisas. Ya no centraba Deulofeu, pero el balón seguía yendo de pie en pie de los barcelonistas, con el Olympiacos mirando desde el área, encadenado a su portero no fuera que se sintiera abandonado. Su entrenador iba metiendo titulares habituales, reservados se supone que para remontar el vuelo en la Liga doméstica, igual que Valverde iba quitando a los suyos para defender el liderato español.

Ni así se equilibró el encuentro, que acabó siendo un peñazo. Messi se colocó de extremo derecho, sesteando a la espera de que apareciera un buen balón mientras Suárez peleaba por tener uno decente que rematar. Pero le cayó a Digne, tan debutante en Europa como Deulofeu esta temporada, que sí tendrá algo que recordar de la visita del Olympiacos.

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