Dembélé y Messi sellan el pase a cuartos en un partido enrarecido

La polémica por la alineación de Chumi en el encuentro de ida enturbia una convincente victoria del equipo azulgrana

Por Rafael Tapounet

En un partido extraño, marcado por la polémica sobre la alineación de Chumi en el partido de ida y por el frío ambiente de una grada despoblada, el Barça, aferrado al talento siempre fiable de Leo Messi y al genio desaliñado e indescifrable de Ousmane Dembélé, se deshizo del Levante con más facilidad de la esperada (3-0) para superar una nueva eliminatoria de la Copa del Rey (ya lleva 22 consecutivas) y plantarse en los cuartos de final.

Las horas previas al encuentro nos trajeron a la memoria esa escena de ‘El jovencito Frankenstein’ en la que Igor y el doctor desentierran un cadáver con penas y trabajos y el primero dice aquello de “podría ser peor: podría llover”, momento en el que, inevitablemente, empieza el aguacero. Atribulado el barcelonismo por las posibles consecuencias del ‘Chumigate’ (esa presunta alineación indebida respecto a la que el criterio de la Federación es cambiante cual pluma al viento), el partido ante el Levante se presentaba como un trago desabrido que no parecía apetecer demasiado a nadie. No al público, desde luego, que dejó al equipo algo huérfano de apoyo (el Camp Nou registró la peor entrada de la temporada) pese a los insistentes llamamientos de Ernesto Valverde. Y, sí, acabó lloviendo (aunque poco).

El técnico azulgrana había anunciado desde la lista de convocados su intención de aparcar los experimentos y recuperar a figuras importantes para no hacer más concesiones de la cuenta, pero sí introdujo en el once inicial algunas pequeñas modificaciones con el fin de dar minutos de descanso a algunos futbolistas que acumulan mucho desgaste (Piqué, Busquets, Suárez) y, de paso, integrar en la dinámica del primer equipo a jugadores menos utilizados, como Jeison Murillo.

Dos goles estrafalarios

Al modelo híbrido le costó unos 20 minutos adaptarse a lo que requería el partido. El Barça controlaba bien el balón pero se veía incapaz de darle al juego la velocidad necesaria para hacer daño a la defensa ‘granota’, dirigida por el gallego Róber Pier, un futbolista cuyo nombre, pronunciado en voz alta, evoca escenas truculentas de guillotinas y cabezas en cestas de mimbre. La revolución francesa estaba al caer, sí, pero fue el azulgrana Dembélé el encargado de desencadenar el terror. En apenas tres minutos, el Mosquito aprovechó sendas asistencias de Leo Messi para marcar dos goles estrafalarios que bien hubiera firmado Julio Salinas en uno de sus días más despeinados.

En el primero, el despeje desesperado de Cabaco rebotó en la tibia del delantero francés y se coló en la portería de Aitor Fernández. En el segundo, fue precisamente el portero del Levante el que cambió la dirección de la pelota para convertir en gol un remate en semifallo de Dembélé con destino incierto. El 2-0 liberó a los locales, que aún estuvieron a punto de aumentar la cuenta antes del descanso en un par de ocasiones que toparon con la buena respuesta de Aitor Fernández.

Récord de Samitier

Pero tal como estaba el partido, con el Barça risueño y el Levante deprimido, el tercero tenía que llegar antes o después. Y llegó en el minuto 53, después de que una estupenda jugada trenzada por Dembélé y Semedo en la banda derecha brindara a Messi la posibilidad de empatar con Ladislao Kubala como el segundo máximo goleador histórico del club en la Copa con 49 dianas (el récord, en poder de Samitier, con 69 tantos, queda aún lejos).

A partir de ahí, dio la sensación de que los dos equipos daban por finiquitada la eliminatoria y los entrenadores pusieron en marcha la rueda de cambios casi pensando más en administrar el esfuerzo de sus jugadores de cara al próximo compromiso liguero que en cambiarle la cara al partido. Valverde, siempre atento a los detalles, quiso reconocer el papel de Denis Suárez en la eliminatoria dándole los últimos minutos de un encuentro que para entonces ya lo había dicho todo y el duelo murió sin más sobresalto que un remate al palo de Boateng en el minuto 90.

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