Barça y Atlético, un empate doloroso

El Atlético iguala el gol de Rakitic poco después de que el Barça perdiera por lesión a Busquets y Messi, que será baja tres semanas

El culé se marchó del Camp Nou rumiando si era peor haber perdido dos jugadores (Busquets y Messi) o dos puntos ante el Atlético. Las radios informaron de que las dolencias de esos puntales no eran muy graves y la conclusión salió sola. Sin embargo, luego llegó el parte médico del club con malas noticias: Messi estará tres semanas de baja. Se perderá solo tres partidos (Sporting, Borussia y Celta) porque hay luego un parón de selecciones. No peligra la visita del Manchester City (19 de octubre).

El empate del Madrid ante el Villarreal dos horas aliviaba un mal resultado en el duelo de los otros dos aspirantes y todos se quedaron distanciados por igual. Como si no hubiera pasado nada. Pero el Barça pagó la factura más cara, entre las bajas -Messi se dañó el aductor derecho- y porque ya se han escapado cinco puntos en dos jornadas del Camp Nou.

Aciaga fue la cita con el Alavés y también la del Atlético, esta vez con los titulares, aunque ya se presuponía por los precedentes, generalmente dolorosos, siempre agotadores. La igualdad de fuerzas, que no de ganas y ambición, muy superior el Barça, se trasladó al marcador.

No habían empatado hasta ahora Luis Enrique y Simeone (7 a 1) y debieron conformarse en la tablas el mismo día en que quedaba enterrada la leyenda del ‘Pupas’ en la que siempre se refugió el Atlético. En el cara a cara, independientemente del marcador, sufren más desgracias los azulgranas. O son más dolorosas. Como la de Messi.

El Atlético obliga siempre a picar piedra y el Barça estuvo dándole que te pego con el mazo, ganándose el jornal en la cantera buscando algo de valor. Aunque sea debilitando al rival desgastándole a martillazos. Así de pétreo es el once de Simeone, que cuando visita el Camp Nou se planta con el único y exclusivo deseo de que no suceda nada. La mayoría de las veces, si pasa algo, es una catástrofe para el visitante.

La constancia suele ofrecer una recompensa y entre los guijarros encontró el Barça una pepita de oro con una aparición de Rakitic. En un córner, pagando con la misma moneda al Atlético, que explota como ningún equipo (excepto su anfitrión barcelonés) las jugadas de estrategia y gana Ligas pero no Copas de Europa. Tan atontado andaba el cuadro rojiblando de tanto piqueteo que no supo tapar un boquete abierto por el que se coló Rakitic para cabecear sin vigilantes que le cerraran el paso.

Marcó Rakitic uno de los tipos que nunca falla, faro de la era Luis Enrique. Uno de los fieles, de los indiscutibles, que tiene suplente pero no recambio. Como los otros diez componentes del equipo A.

El fondo del armario estaba en el fondo del banquillo. Donde se supone que estaría, vistas las previsiones del propio club. Menos Umtiti, lesionado en la grada, cinco de los seis fichajes se sentaron en la banda para ver y aprender. En la gran cita jugó el equipo que se recita de memoria, el de hace dos años, sin renovación alguna.

Y en la gran cita, el Barça jugó como suele. Con el dibujo habitual. Sin inventos, que los duelos con el Atlético no son para ensayar. De vuelta al abecé. Igual que el Atlético, que con todas las precauciones del mundo acabó un temible contrataque con un pase atrás a Oblak y una pedrada del meta a Filipe Luis, como si hubiera suscrito las tesis barcelonistas acerca de la posesión de balón y la importancia de los pies del portero.

Pero anda muy lejos el cuadro rojiblanco del azulgrana. No es esa su idea. Solo amaga. Igual que cuando comienza cada partido, cada mitad: exhibe una presión adelantada intimidante, que apenas dura dos minutos. El Barça ni se inmutó tras haber pasado por San Mamés y haber vapuleado al Leganés. Inmediatamente se recostó atrás esperando trazar un contrataque ahora que tiene dos galgos en Griezmann y Gameiro. Y en Correa, que se fue disparado hacia Ter Stegen cuando atisbó el mismo agujero que Rakitic dos minutos después de la deprimente salida de Messi.

Tardó el Barça a reponerse de ese doble mazazo. En realidad no lo consiguió nunca, porque después del descanso no dominó con tanta superioridad, sino que tuvo que echar la vista atrás y retroceder a toda castaña para evitar males mayores. El Atlético solo arriesga cuando pierde y entonces se comportó como el grande que es. Buscó el resultado y lo consiguió: era el mismo que tenía una hora y media antes.

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